La escuela Marshall, también conocida como Academia Granados-Marshall o Asociación Musical Granados-Marshall es un importante centro de educación musical dentro de España cuyo enfoque principal es la enseñanza del piano, priorizando la sonoridad, la pulsación y, sobre todo, el uso del pedal. Fue fundada en 1901 por Enrique Granados en Barcelona como “Escuela Granados”, pero más tarde su dirección fue heredada por Frank Marshall y pasó a llamarse “Escuela Marshall” a partir del año 1920. 

Han pasado grandes figuras del piano por este lugar dando clases en ella y como alumnos. Son especialmente destacables personalidades como el propio Enrique Granados, Frank Marshall, Felipe Pedrell y Alicia de Larrocha. Además, el prestigio de esta academia fue tal en su momento que fue considerado un centro cultural en el que se celebraban actos, charlas, conciertos o masterclasses y en la que se pudieron encontrar personajes como Arthur Rubinstein y Alfred Cortot. 

En cuanto a los dos principales personajes españoles de finales del siglo XIX y principios del XX, Enrique Granados e Isaac Albéniz, además de su íntima amistad, se pueden destacar dos profesores comunes entre ellos dos:

    • Juan Bautista Pujol, un alumno de Pere Tintorero, considerado discípulo de Liszt, que tuvo contacto directo con grandes compositores, entre los que se encuentran Debussy, Fauré y Ravel desde el inicio de su estancia en París. Tras esta etapa de su vida, se traslada de nuevo a España y crea una editorial musical, en la que se publican una gran parte de las obras de Albéniz, Granados y 
    • del musicólogo y compositor Felipe Pedrell, cuyos primeros alumnos fueron ellos dos, más tarde conocido por no dar una base técnica sólida a sus alumnos, pero sí introducir en ellos la tradición nacionalista española en sus alumnos. 

La escuela Marshall y su técnica pianística.

 

Como se ha dicho previamente, la escuela fue fundada por Enrique Granados en 1901. Se impartían dos clases de piano a la semana de una hora cada una –una para técnica exclusivamente y otra para interpretación– y se realizaban con frecuencia audiciones, tanto privadas (en las que participaban los alumnos principiantes y de un nivel intermedio) como públicas (de los alumnos de un nivel superior, además del propio Granados).

A medida que la cantidad de alumnos iba incrementándose, el sistema de clases fue cambiando y mejorando, y el método de Granados iba influyendo en más y más pianistas. A continuación se presentan las principales aportaciones técnicas de Granados junto a las de Albéniz, quien también impartió algunas clases magistrales en la academia.

Aportaciones técnicas de Granados.

De los dos pianistas que se van a tratar, Granados es quien tiene más texto escrito y más información al respecto de su método de enseñanza y sus principales preocupaciones a la hora de la interpretación. Se dice de él que tenía una especial obsesión con la musicalidad y las diferentes sonoridades que se pueden sacar en el piano; su distintivo con respecto a otras escuelas es el de la importancia de la acción del pedal. Gracias a dos de sus profesores, los más influyentes en él (Pujol y Bériot), la bases principal de su estilo interpretativo son la improvisación y la acción del pedal. 

Se dice de mucho también sobre su talento compositivo, a veces inspirado en los leitmotiv de Wagner, aunque fue acusado de una monotonía de la que él mismo parecía consciente, ya que la contrastaba hábilmente con un buen tratamiento de los temas, el color, los ritmos y la armonía. En este sentido también es relacionado levemente con Chopin y Schumann, pero con los toques nacionalistas de Wagner –aunque no demostrara especial afección por este movimiento–. 

En cuanto a la enseñanza que él impartía, era bastante organizado. Consideraba que el dominio de la técnica y el desarrollo interpretativo y artístico de cada uno eran dos conceptos enteramente relacionados, en el ámbito del piano, por lo que en su academia decidió dividir las clases de piano en dos horas semanales, como se ha dicho previamente: una de técnica, más adelante explicada, y otra de aspectos interpretativos.

En estas clases de técnica la estructura siempre seguía el mismo esquema:

    • Una serie de ejercicios de Bériot para los cinco dedos en diversas tonalidades.
    • Ejercicios de arpegios, escalas, tritonos combinados con sextas, escalas cromáticas y series de octavas con un uso progresivo del metrónomo.
    • La práctica de una obra que se esté estudiando en el momento de modo lento, articulado y en forte, repitiendo cada compás de 15 a 20 veces, dependiendo de la dificultad. 
    • Estudio en profundidad de un pasaje o una página de un estudio, especialmente los de Chopin, cambiando de fragmento o estudio cada mes. 
    • Monitoreo semanal y anotación de los progresos del alumno en un libro de registro.

Durante su tiempo como profesor, desarrolló un método propio sobre el uso del pedal en el piano, convirtiéndose de este modo el primer autor español en esta materia. El libro se titulaba “Método, teórico-práctico, para el uso de los pedales del piano”. Más tarde se descubrió en su casa otro llamado “Reglas para el uso de los Pedales del Piano”, publicado ya en nuestro siglo de modo póstumo, y un breve ensayo desarrollado a modo de pregunta-respuesta, llamado “El Pedal. Método Teórico Práctico”, quizá como borrador del primer tratado comentado aquí. 

Como se ha dicho anteriormente, su técnica de pedal fue introducida en su mayor parte por Bériot, a pesar de que para el momento de la estancia de Granados en París, este pianista ya tenía una fijación notable por el uso de este mecanismo aún tan poco explorado. Dentro de sus propias obras se pueden ver símbolos verdaderamente precisos en escritura para indicar el uso exacto del pedal. Además, la sonoridad del piano para él se sostiene sobre los pilares armónicos producidos por el pedal; es tras lograr eso cuando se puede construir la melodía, conectando grupos de notas y controlando su timbre. 

Como premisa principal, en esta teoría que él muestra en su primer tratado es la problemática de que, tras pulsar una tecla, el sonido de la nota en el piano vaya perdiendo intensidad. La regla general es que, cuando dos notas están separadas en el tiempo por un intervalo mayor al correspondiente a dos pulsaciones de Andante, es necesario pulsar la segunda nota con una intensidad aproximadamente igual a la que queda de la primera, con el fin de que que la melodía que se esté interpretando fluya sin “tropiezos”.

Aparte de los libros anteriormente mencionados, Granados escribió otros trabajos pedagógicos tratando la gestión del estudio de la técnica, principalmente. Estos son: “Breves consideraciones sobre el Ligado”, “Dificultades especiales del Piano”, “Ejercicios de terceras”, “Ornamentos” y “El Piano”. 

Aportaciones técnicas de Albéniz.

Si Granados está relacionado en estilo íntimamente con Chopin y Schumann, Albéniz lo está con Chopin, debido a su gran capacidad compositiva y cantabile junto a una gran afinidad por su país; y con Liszt, por su virtuosismo romántico, con la frecuente aparición de cadencias, fermatas, ornamentos de larga duración que inluyen trinos sencillos y dobles, y las escalas de dobles notas, entre muchos otros aspectos como el cruce de manos e incluso la entremezcla de los dedos de las dos manos en pasajes de grandes velocidades. A pesar de la gran dificultad de sus obras, Albéniz apenas deja digitaciones puestas, siendo contadísimos los pasajes en los que esto ocurre. 

En este compositor el pedal vuelve a ser un factor muy importante, detalladísimo en sus obras, a diferencia de las relaciones de tempo, ya que no marcó velocidades metronómicas en sus obras, sino conceptos más relacionados con estados anímicos que con la velocidad. Estos conceptos a veces resultan contradictorios o realmente complicados de entender debido a la escritura musical que les sigue, y esto se ve en el comentario del musicólogo Gabriel Laplane sobre el manuscrito de “Lavapiés” de Albéniz:

[Esta pieza] plantea al ejecutante problemas difíciles. A la sola vista de ese pentagrama rayado y acuchillado de accidentes, de ese desfile de tresillos, de esos saltos y de esas cabalgatas de acordes vertiginosos, ¿cómo interpretar semejante trozo «con alegría y libremente» como lo desea el autor? Y sobre todo que la contradicción entre lo recargado de la escritura y la ligereza del estilo a obtener es para el ejecutante, un problema tan arduo como el de la cuadratura del círculo.

En cuanto a las críticas de sus conciertos, son tremendamente buenas y se intuye que tanto la expresión como la calidad tímbrica de las interpretaciones de Albéniz eran asombrosas. Además, teniendo en cuenta la dificultad de las partituras que él compuso, se puede considerar de los mejores intérpretes españoles del siglo XX.

Otros pianistas destacables, profesores de la escuela Marshall

El legado de la escuela Marshall es realmente prodigioso y ha formado a una gran cantidad de pianistas a lo largo del siglo XX y lo que llevamos de siglo XXI, pero existen dos pianistas muy destacados que tanto pasaron por el puesto de alumnos del lugar, como profesores. Estos dos, realmente dignos de mención son:

    • Frank Marshall, el alumno favorito de Granados, que desde el principio llamó su atención y tan pronto acabó sus estudios allí se hizo asistente en sus clases, fue nombrado a los veinte años subdirector de la escuela y cuatro años tras la muerte de Granados, su familia le cedió la propiedad de la academia, siendo esta la razón por la que pasó a llamarse Escuela Marshall. También fue conocido por ser el profesor de
    • Alicia de Larrocha, conocida como “la intérprete de Albéniz”, una de las mejores pianistas españolas de nuestro tiempo, verdaderamente digna del puesto que tuvo. Nació en una familia de pianistas, con una madre y una tía estudiantes de Granados; y fue considerada desde el principio una niña prodigio, teniendo su primer concierto público con menos de seis años. Fue debido a su temperamento musical y su vinculación a la academia, que fue la continuadora de la herencia de esta. 

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Enrique Granados nació en el año 1867 en Lleida, aunque muy joven se trasladó a Tenerife con su familia debido a la ocupación militar de su padre. Esta época de su vida sería siempre recordada por él con cariño, sobre todo un huerto de naranjos y limoneros que veía desde su ventana, refiriéndose a ella como “el paraíso de mi infancia”.

Sus padres siempre apoyaron su formación musical mandándolo con diversos profesores como José Junqueda y Francisco Javier Jurnet (quien diría que fue el mejor alumno que llegó a tener), antes de ser recomendado en 1880 a Juan Bautista Pujol (autor de “Nuevo Mecanismo del Piano”, escrito que hace énfasis en la claridad, color y dominio de los pedales, a la vez que en la belleza de la improvisación). Para este momento, el joven Granados ya estudiaba diez horas al día.

Tres años después de iniciar sus estudios con Juan Bautista Pujol, gana un concurso en el que Pedrell y Albéniz están como jurado, y este sería su primer contacto con ambos. No tarda en hacerse alumno de Pedrell en la especialidad de composición, aunque no demuestra haber tomado tanta influencia de él como de Pujol, ya que hace una clara distinción entre la política nacionalista y su pianismo, que cada vez denota más su “obsesión” con el funcionamiento del pedal y de su timbre.

Tras la muerte de su padre y siendo el mayor de sus hermanos Granados se ve obligado a afrontar sus problema económicos dejando de ir a clase y comenzando a tocar como pianista en un café en el que se le pedía que tocase música “ligera”, mayoritariamente obras de ópera con unos “efectos y florituras” que él, con el tiempo, se vio más incapaz de realizar debido a sus escrúpulos artísticos. No obstante, esta época de su vida fue la que lo inició en la enseñanza, ya que tras su despido del café fue contratado por un empresario como profesor de música de sus hijos.

Más tarde se fue a estudiar a París, con la intención de entrar en el conservatorio, pero se enferma antes de las pruebas, y para el momento en el que se cura, ya ha superado la edad máxima de acceso, por lo que decide pedir clases a Bériot, uno de los profesores de conservatorio que durante ese mismo tiempo estaba dando clases a Ravel. De los detalles más importantes en los que este insistía era en el refinamiento tímbrico de la interpretación y en la improvisación, de nuevo, hecho que reafirma a Granados en sus ideas de desarrollar nuevas técnicas de pedal. Durante esta etapa de su vida consolida su amistad con Albéniz.

A pesar de permanecer en Francia a finales del siglo XIX y tener contacto con Debussy, Fauré, Dukas, d’Indy y Saint-Saëns, nunca llega a sentirse completamente identificado con las tendencias impresionistas del momento ni con el pianismo francés, además de no conseguir la publicación de sus obras por editoriales francesas, por lo que acaba volviendo a España.

Desde 1890 comienza a dar cada vez más conciertos y a ganar popularidad en el mundo de la música. Durante esta década, además de eso, comenzó a intentar buscar un puesto como docente en un conservatorio, pero al no lograrlo, decide fundar su Escuela Granados, en la que da clases hasta su muerte en 1916, en el naufragio del barco en el que volvía de Estados Unidos, tras una gira, siendo este hundido por un ataque de torpedos durante la Primera Guerra Mundial.

Sus alumnos favoritos fueron Frank Marshall y Conchita Badía.


albeniz

Albéniz fue considerado desde muy pequeño un niño prodigio; debutó a los 4 años en un recital para piano y dio conciertos durante toda su formación en el conservatorio de Madrid, dando giras incluso por Hispanoamérica. Tras su formación inicial, el rey Alfonso XII le concede una beca gracias a la que se va a estudiar a Bélgica. Allí gana el primer premio unánime en su graduación y vuelve a España ya reconocido como un gran virtuoso. Ese es el momento en el que decide comenzar a estudiar composición con Felipe Pedrell. Durante este tiempo también llegó a ser alumno de Juan Bautista Pujol y fue influenciado por su método centrado en el pedal, las sonoridades y la improvisación.

En cuanto a su vida personal, se casó en 1883 y tuvo tres hijos. Su primera biografía, publicada en 1886 por Antonio Guerra y Alarcón, fue remodelada por él mismo para ser más elogiado públicamente, ya que añade haber sido alumno de Liszt (persona a quien no llegó ni a conocer), que fue polizón en barcos que zarpaban a América o que recorrió Europa como bohemio errante, entre otras cosas.

Tras su formación, se dedicó casi completamente a la composición de obras musicales para teatro, en su mayoría óperas, aunque también, durante esta primera etapa compuso algunas, aunque pocas, obras para piano. Durante este tiempo se trasladaba frecuentemente entre Londres y París y conoció a Vincent d’Indy, a Dukas y a Fauré, entre otros, coincidiendo con Granados, tal y como se ha hablado antes.

En 1900 volvió a instalarse en España y a dejar de componer para el teatro, ya que el libretista que lo contrataba acabó dejando de escribir. A partir de este momento, Albéniz se relaciona cada vez más con pianistas y compositores como Joaquín Turina o Manuel de Falla, y los acoge en su casa para mantener conversaciones artísticas. Esta última década de su vida es dedicada casi exclusivamente a escribir para piano, logrando obras como su suite Iberia y La Vega.

Pocos días antes de su muerte en 1909 fue a visitarlo Granados para dedicarle un recital privado en su casa, tocando para él obras aún inéditas. Al final de este tocó una obra propia de Albéniz, llamada “Mallorca”, compuesta por este durante un viaje que los dos habían hecho juntos a las islas Baleares. Su muerte sucedió pocos días antes de recibir la Gran Cruz de la Legión de Honor por parte del gobierno francés, a petición de sus amistades pianísticas francesas, aparte de Granados.

Una curiosidad tardía a su muerte fue la petición de la mujer de Albéniz a Granados el terminar la obra “Azulejos” de su marido, con un resultado tan sublime que no es posible saber dónde sucede el cambio de compositor.


  1. Bibliografía
  1. Sadie, Stanley y Tyrrell, John: The New Grove Dictionary of Music and Musicians.
  2. Casares Rodicio, Emilio: Diccionario de la Música Española e Hispanoamericana.
  3. Chiantore, Luca: Historia de la Tecnica Pianística
  4. Bermúdez, Egberto: El piano y sus Ph.D. (artículo).
  5. Iglesias, Antonio: De la dificultad del gran piano de Isaac Albéniz (prólogo)
  6. wikipedia.es
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