La primera sinfonía de Brahms, conocida como “La décima sinfonía” (continuando la cifra de las de Beethoven), es una obra conocida en parte por lo que representó para su compositor: más de 20 años de grandes fracasos para su concepción tremendamente autocrítica de su trabajo, pero a la vez, como resultado, una de las más grandes obras del romanticismo alemán.

Anteriormente, las sinfonías eran consideradas oberturas prolongadas, partes “de relleno” para complementar un concierto. No se les tenía mucho respeto. No podían ir separadas de otra obra “de importancia”. Gracias a Haydn y sus 104 sinfonías y a Mozart con sus 41, esta forma comienza a ganar más importancia, a la vez que empieza a ser más relevante dentro del espectáculo musical en general. Más tarde, Beethoven dramatiza y emocionaliza la forma a lo largo de sus nueve grandes sinfonías.

Durante el siglo XIX, algunos compositores como Berlioz y Liszt le dan títulos literarios, no solo con el tempo y el carácter de la obra, a los movimientos de sus obras orquestales, uniéndolas íntimamente a la poesía, llegando de este modo a los poemas sinfónicos. Brahms es quien toma el relevo de los tres grandes antecesores por un camino completamente contrario. De hecho, llegó a firmar un manifiesto contra las exuberancias de la música de Wagner; aunque no llegó muy adelante y acabó evitando el tema para librarse de controversias.

A pesar de que le resultó tremendamente complicado componer su primera sinfonía debido a sus propias exigencias, las tres siguientes fueron compuestas, publicadas y estrenadas en muy pocos años. Las cuatro son consideradas un gran exponente en el género.

La odisea de la que venimos a hablar, la Sinfonía Nº1 en do menor, Op.68, comenzó en 1854, y terminó en 1876, aunque también se puede considerar como fecha de inicio de la sinfonía el año 1862, ya que es cuando aparecen los primeros bocetos definitivos. Esto implica que Brahms intentó llevar a cabo la idea de su primera sinfonía cuando tenía 21 años y para la fecha de finalización de la misma tiene 43. Durante estos más de 20 años que tarda en completar esta obra ocurren, evidentemente, muchas cosas. Recibe presiones de muchos relativos, como su editor, Clara Schumann y Joachim (sus dos más grandes amigos), directores de orquesta con los que trabajaba, otros músicos, críticos y musicólogos.

A pesar de que era del tipo de persona que presumía sobre lo prolífico que era (siéndolo, en verdad), cuando llegaba el tema de la sinfonía, intentaba eludir el tema todo lo posible. Su desesperación llega a puntos en los que escribe a su amigo Hermann Levi cartas en las que hace referencias a que nunca compondrá una sinfonía, o diciendo “No sabe usted lo que es vivir bajo la sombra de ese gigante“, eludiendo a Beethoven. No obstante, en una carta a Fritz Simrock, su editor, dice “¡No le daré paz de espíritu hasta que tenga la partitura de la sinfonía!“.

¿Por qué sufría tanta presión y se sentía obligado a la mayor calidad musical que le fuera posible? La escucha de la novena sinfonía de Beethoven causó una gran impresión en él, y era consciente de que la gente esperaba de él ser el continuador de la gran obra del genio de Bonn. Robert Schumann opinó públicamente que Brahms sería su digno sucesor, el creador de “la décima sinfonía”, aunque para ese momento concreto solo hubiera visto sus obras para piano. Brahms, hasta los últimos años de composición de esta obra no demostró verse convencido de serlo y, llegado a cierto, punto paralizó la composición de la sinfonía: creía que su obra nunca sería comparable a la de Beethoven.

Su primer intento de sinfonía no ha llegado a nuestros días: fue en 1854 cuando Brahms intentó componer una forma sinfónica en re menor, pero no tardó en destruirla considerándola un fracaso. Más tarde, en 1857, comienza a componer su Serenata en Re Mayor, pasando por las ideas de que fuera una sinfonía, y, tras descartarla como tal, un octeto de instrumentos solistas, pero acaba siendo una forma orquestal. Su segunda Serenata ya nace concebida como obra orquestal (aunque sin violines, trompetas y timbales). Estas dos, junto con su concierto para Piano y Orquesta, son sus primeras composiciones orquestales. El caso de esta última, comenzada en 1854 y finalizada en 1859, es parecido al de la primera Serenata. Su primer movimiento, escrito para piano solo, iba a ser la simplificación de la sinfonía, pero acabó no siendo suficiente para él y se convirtió en su concierto para Piano y Orquesta, Op.15.

Entre 1859 y 1862 dejó abandonado el proyecto, y en este último año se dedicó a hacer los bocetos del primer movimiento, para dejarlo un poco de lado. La siguiente noticia que se tiene sobre su progreso es en 1868, cuando envía una felicitación de cumpleaños a Clara Schumann con el tema de trompa alpina del último movimiento; y la siguiente a esta es de principios de octubre de 1876, cuando va a la casa de ella a interpretar una transcripción de la obra al piano, pidiendo su opinión.

La sinfonía es estrenada el 4 de noviembre de 1876 en Karlsruhe, bajo la dirección de Otto Dessoff. Tras esa presentación al público, fue interpretada en otras dos ciudades y, antes de ser enviada a su editor, fue revisada, siendo el segundo movimiento el más afectado por los cambios. Es a finales del año 1877 cuando Fritz Simrock la edita.

Tras su estreno y publicación, la obra fue muy aclamada: se llegó a comparar con la novena de Beethoven e incluso el afamado director Hans von Büllow la bautizó con el nombre por el que muchos la conocemos: “La décima sinfonía”. La crítica de su compañero Hanslick dice:

La marcada afinidad de Brahms con Beethoven puede ser notada por cualquier músico que no la hubiera percibido antes. La nueva sinfonía despliega energía de voluntad, lógica en el pensamiento musical, grandeza en su poder estructural y una maestría en la técnica que no ha sido revelada hasta ahora por ningún compositor de nuestra época.

Otras críticas comparan de otro modo su trabajo: lo acusan de plagio por algunos fragmentos, sobre todo del cuarto movimiento, que tienen parecidos con la novena sinfonía de Beethoven, mientras que él lo escribió como homenaje consciente. Respondió con sarcasmo a esas críticas, diciendo “cualquier asno puede verlo”.

Gracias a todas las buenas críticas que hubo, ganó más confianza en su trabajo y ya para el siguiente verano había completado su segunda sinfonía, durante su estancia en Austria. Actualmente el manuscrito del primer movimiento se ha perdido. Los otros tres ya han sido editados en versión facsímil.


A pesar de que esta obra es claramente de madurez, se pueden observar influencias de Beethoven y un cierto alejamiento de las formas orquestales realizadas por otros músicos de su tiempo, como Liszt o Wagner, ya que su objetivo era el de continuar el legado de Haydn, Mozart y Beethoven; pero a la vez, superar a sus contemporáneos.

El primer movimiento, Un poco sostenuto – Allegro, tiene una forma sonata con una breve introducción lenta que no figuraba en los borradores: fue una ocurrencia de última hora que expone los temas desarrollados en el allegro. Se dice que los sentimientos que evoca son apasionados y trágicos, los que sintió por la muerte de Schumann, profesor y, a la vez, uno de sus más grandes amigos, fallecido en 1856. Es un movimiento que se puede asociar con la épica, de clara inspiración beethoveniana, al igual que el cuarto: tanto el tipo de tema y desarrollo recuerdan a la novena sinfonía.

El segundo movimiento, Andante sostenuto, tiene una forma ternaria A-B-A, que comienza con un primer tema largo, lírico y cálido, contrastante con el primer movimiento. Junto con el tercero (Un poco allegretto e grazioso), se aleja de Beethoven para acercarse a Schumann. La estructura de este es la de un scherzo con una gran abundancia de texturas entrelazadas, entre La bemol Mayor y Si Mayor, con un particular final en la reexposición: en vez de ser literal, hace una pequeña coda que nos lleva al último movimiento.

Adagio – Allegro non troppo, ma con brio, el cuarto, empieza con una sección lenta, trágica, similar a la del primer movimiento, que no tarda en volver a convertirse en un tiempo heroico, dramático, beethoveniano. En el compás 30 comienza el famoso tema de la trompa alpina, que se dice que fue inspirado en el dibujo de los Alpes. Más tarde introduce el coral que va hacia el tono mayor en su repetición, de modo muy solemne. El desarrollo de este movimiento tiene una construcción contrapuntística que finaliza con una coda que recapitula muchos de los temas de la obra.


Johannes Brahms fue un compositor y pianista alemán del período romántico. Nació en Hamburgo, en el seno de una familia luterana, y pasó mucho tiempo de su vida profesional en Viena. En algunos casos es comparado tanto con Bach como con Beethoven, tanto por su formación como por su calidad compositiva. Fueron agrupados  como “Las tres B de la música”, como básicos en el aprendizaje musical, por el director Hans von Bülow.

Brahms ha compuesto para orquesta sinfónica, grupos de cámara, piano, órgano, voz y coro; a la vez que, como virtuoso, estrenó muchas de sus obras para piano. Trabajó con algunos de los músicos más importantes de su tiempo, como Clara Schumann o Joseph Joachim (los tres eran grandes amigos).

En cuanto a carácter, Brahms era muy perfeccionista y exigente consigo mismo: llegó a destruir algunas de sus obras y dejar otras sin publicar. Una de las características más importantes de su obra es su pathos, que deja ver su admiración hacia Beethoven. Rechazó la música narrativa y programática: nunca escribió ni óperas ni poemas sinfónicos, ni otras posibles variantes. El instrumento en el que se sentía más cómodo para componer era el piano, seguido de los grupos de cámara, siendo estas unas composiciones muy apreciadas en Viena.

Algunos de sus contemporáneos tacharon su música de “excesivamente académica” y conservadora, aunque fuera bastante innovadora, sobre todo en sus métodos de armonización y escritura de melodías, forma, y técnica pianística.


Fuentes:

  1. Historia de la sinfonía: http://www.historiadelasinfonia.es/historia-2/siglo-xix/la-sinfonia-en-alemania/brahms/
  2. Refinando nuestros sentidos: https://www.refinandonuestrossentidos.com/johannes-brahms/las-cuatro-sinfon%C3%ADas/
  3. Música al día: https://rodiazsa.wordpress.com/2009/10/25/mis-favoritos-las-sinfonias-de-johannes-brahms/
  4. Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Sinfon%C3%ADa_n.º_1_(Brahms)
  5. Web de Paco Gómez: http://www.webpgomez.com/artes/mis-conciertos/387-sinfonia-n-1-de-brahms
  6. Hágase la música: http://www.hagaselamusica.com/clasica-y-opera/obras-maestras/sinfonia-n-1-de-johannes-brahms/
  7. Armonía y Análisis musical. Recursos didácticos: http://visarmie.blogspot.com.es/2008/12/sinfona-n-1-en-do-menor-de-johannes.html
  8. Partitura de la sinfonía (IMSLP).
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