Una de las tareas del maestro, y quizá la más importante, es la de enseñar al alumno a estudiar”.

1. Introducción al método de Leimer

La mayor parte de los pianistas no se escuchan a sí mismos y por lo tanto no son capaces de expresarse correctamente ni de tocar limpiamente. El oído de muchos, según él, solo es utilizado para arreglar notas falsas, pero nada más. Considera que se necesitaría un entrenamiento del oído exhaustivo para poder progresar rápidamente.

También hace especial énfasis en el trabajo mental para el estudio de técnica y para la memorización. Ejemplifica este dato con las experiencias de Gieseking, quien memorizaba obras sin tocarlas en ningún momento en el piano. Esta facultad puede ser adquirida con un buen perfeccionamiento de su método. Lo que deja claro es que es necesario conocer la obra de principio a fin y detalladamente para poder interpretarla.

Otra parte que este pedagogo valora mucho es la relajación y la posición natural del cuerpo a la hora de tocar. Los músculos en todo momento deben estar relajados no mediante un movimiento clave, sino con el conocimiento previo de la sensación de relajación, ya que así se evita el uso de movimientos innecesarios durante la interpretación, que ya no es fácil de por sí. La posición que se debe tener en cuanto a manos es la que se tiene al caminar, ya que esta se relaja involuntariamente por sí sola. Un ejercicio útil para conocer esta posición es levantar el brazo a la altura del hombro y dejarlo caer muerto. Pero bajo ningún concepto debe ser interpretada una obra con los dedos poco firmes, dejando doblar las falanges hacia dentro.

En cuanto a la posición de sentarse en el piano, se debe ocupar la parte delantera de la silla, teniendo la espalda un poco inclinada hacia delante. La altura a la que el intérprete se tiene que sentar debe ser suficiente como para que el antebrazo, estando levantado y dispuesto a ejecutar obras, esté a la altura del teclado.

2. Método de estudio

Una de las tareas del maestro, y quizá la más importante, es la de enseñar al alumno a estudiar”.

Con esta frase, Leimer nos explica que muchos de los alumnos que ha recibido llegan a su primera clase sin tener claro cómo estudiar o cómo lograr resultados rápidos en cuanto a sus obras. Muchas veces los profesores quitan las obras a sus alumnos tras llegar a una profundización más bien pobre de las mismas. Leimer opina que cuanto más tiempo se pase con una obra, más se aprenderá de ella. De hecho, el momento en el que esas obras suelen ser eliminadas del repertorio del alumno es en el que empieza la posibilidad de exprimir al máximo lo que la obra puede enseñarle.

El método está pensado para estudiar en cinco o seis fragmentos temporales de aproximadamente 20 o 30 minutos seguidos, con intervalos de descanso de un período más largo, quizá de una hora, entre ellos. El estudio de más de cinco horas puede acabar con la salud del intérprete, y es especialmente perjudicial en la interpretación, ya que fuera de los lapsos ya especificados la concentración no es toda la deseable y hay más posibilidad de acabar con lo ya estudiado que de aprender más.

Desde un primer momento, el alumno debe evitar todo error. Estos se quedan en el cerebro y distorsionan la visión real de la pieza para momentos posteriores de estudio. Para esto la ejecución debe ser lenta y la concentración máxima, empleando un ritmo absolutamente preciso y la misma digitación cada una de las repeticiones que se harán del mismo pasaje.

Centrarse inicialmente en la interpretación del pasaje al principio puede ser incluso dañina, ya que el cerebro ya está centrado en asimilar las dificultades técnicas como para sobrecargarlo más, por lo que ni va a ser correcta, ni va a ser útil.

Los fragmentos deben ser cortos para su estudio. No es necesario que sean frases completas lo que se estudia mientras tengan continuidad y no sean demasiado para el cerebro y su asimilación de los mismos.

Con esto no se intenta dañar a la interpretación de la obra, sino establecer las prioridades del estudio para que sea pulcro y rápido.

3. Técnica de escalas

El objetivo de hacer escalas es igualar la intensidad de los dedos entre sí a la hora de la ejecución. Es un error comenzar a estudiarlas con las dos manos, ya que una eclipsa la otra en algunas partes. Al tener distintas digitaciones simultáneas, a veces la mano izquierda puede llegar a tapar a la derecha y viceversa. Se debe comenzar con una sola mano y, con el progreso posterior, comenzar a estudiar con las dos.

Una ejecución correcta sería darle más fuerza al pulgar, mucha más al cuarto y al quinto y moderar la del segundo y del tercero. Es frecuente creer que el pulgar va a ejecutar el sonido con más fuerza de la debida, mientras que es lo contrario: el miedo a golpear la tecla hace que el sonido sea débil.

En verdad, el pulgar es el dedo más fuerte de todos, pero la posición que ocupa, más cercana que el resto de los dedos a la tecla, junto con la dificultad de su movimiento de ataque hace que sea demasiado débil el ataque final. Cuando es demasiado fuerte, normalmente es por falta de destreza y relajación.

Lo más fundamental del entrenamiento de esta parte de la técnica de dedos está en escuchar el sonido que uno mismo está haciendo, pero esto requiere mucha atención: muchas veces lo que uno quiere oír y se imagina que suena, tapa a la realidad. El oído debe estar suficientemente entrenado como para poder corregir por sí solo el equilibrio del sonido.

Para realizar el pase de pulgar, la principal atención debe centrarse en los dedos segundo, tercero y cuarto, ya que tienen una mayor posibilidad de desequilibrar el sonido y que suene accidentado. Tanto en el de pulgar como en el del resto de los dedos, el sistema que propone el pedagogo es el de una rotación leve de antebrazo junto con la relajación de los músculos. El pulgar no debe ir debajo de la palma de la mano ni la mano debe alcanzar posiciones incómodas: solo con ayuda de la rotación debe llegar a la nota objetivo.

Se considera que la escala de Do mayor es la más complicada en este aspecto, ya que el pase de pulgar es más complicado en las notas blancas que en las notas negras, y esta escala solo está formada por notas blancas.

A la vez que el grado de fuerza y de exactitud de medida, debe ser muy cuidado el movimiento de los músculos. Tal y como dice Leimer, “El sentido de relajación absoluto debe convertirse para el alumno en una segunda naturaleza”.

Teniendo todos estos factores en cuenta, Leimer nos asegura que, en unas pocas semanas, el alumno podrá tener una sonoridad en sus escalas verdaderamente profesional. Se recomienda estudiar las 24 escalas (notas blancas y negras en mayor y menor), aprendiendo así las armaduras, y con cierta rapidez. No se consideran de todo las opciones de estudiar de todos los modos posibles, como ya podría ser por terceras, sextas o en sentido inverso, ya que centrarse demasiado en este ámbito hace perder esfuerzo neuronal que podría ser utilizado en algo más útil.

Pasos:

  • Tocar muy lento al principio: se requiere igualdad en la duración de las notas y en la intensidad. Cuidar la calidad del sonido. Poco a poco se podrá ir ganando la velocidad necesaria para una ejecución brillante.
  • Tomar pequeños fragmentos para alcanzar una perfección máxima: se puede comenzar por las cinco primeras notas, ascendente y descendentemente.
  • Relajar los músculos constantemente: el resultado nunca será perfecto si existe tensión muscular aguda.
  • Mantener la posición natural de los dedos: la dificultad se vuelve casi hacia la imposibilidad si la posición no es correcta.
  • Rotación del antebrazo para el paso de dedos evitando el movimiento lateral de la mano.
  • Volteo de la mano con rotación sobre el pulgar para el descenso, manteniendo el dedo previamente mencionado firme y extendido: la flexión de este puede hacer el dedo más torpe, haciéndolo chocar contra la arista saliente de la nota contigua.

4. Técnica de arpegios

La técnica de arpegios es realmente similar a la de las escalas. Simplemente hay alguna variación relativa a la mayor dificultad que presentan, ya que las distancias que tiene cada nota entre sí es mayor que en el anterior ámbito.

El lanzamiento de la mano (caída libre) ayuda a que el sonido que se produce sea más parejo, por lo que se recomienda la práctica de este movimiento.

En cuanto al pase de pulgar, se produce de modo igual al de las escalas: se recomienda una rotación ligera de antebrazo para lograr un movimiento más natural y uniforme.

Muchas veces se cambia el dedo cuarto por el tercero debido a que este último es más fuerte. Esto no es bueno, ya que, aun no argumentando con la posición antinatural de la mano, se puede ver que el cuarto dedo no será entrenado correctamente y cuando sea inevitable su uso, el alumno se verá en un gran apuro. Por eso se recomienda también la práctica de los arpegios de los acordes de séptima de dominante y séptima disminuida, porque se utilizan los cinco dedos y la sustitución previamente marcada no está en posibilidades de ser realizada.

En resumen, la técnica más útil para corregirse en este aspecto, al igual que en los anteriores, es la escucha atenta del sonido que se produce en las ejecuciones de las diversas notas para lograr su equilibrio.

5. Otros aspectos: acordes, trino y naturalidad del movimiento.

Este apartado trata otros aspectos de la técnica que también vienen explicados en el libro, aunque básicamente vuelven a realzar el método de la escucha.

Acordes

Incluso algunos pianistas famosos tienen una precisión bastante pobre en la realización de acordes y eso es una prueba suficiente para realizar la afirmación de que no se escuchan correctamente.

Lo más complicado de este aspecto es destacar las melodías internas que tienen los acordes con una sola mano. Con el entrenamiento del oído se puede lograr realizar una distinción bastante grande entre esta melodía y las notas de acompañamiento, por supuesto, sin dejar que el sonido de la melodía suene amartillado o que el acompañamiento deje de oírse.

Trinos

Se necesita el sonido redondeado y nivelado de los trinos para que su ejecución sea incorregible. Aunque la práctica sea complicada y muchos no logren un buen trino en muchos años de estudio, practicándolo entre 8 o 10 veces al día prestando atención a la parejidad de las notas y del sonido, el alumno no necesitará muchas semanas para lograrlo. Por supuesto, deben realizarse todas las combinaciones posibles.

Hay que prestar una especial atención al trino de los dedos tercero y cuarto, ya que esta práctica corrige mucha parte de la falta de fuerza del cuarto dedo.

Para realizar correctamente los trinos, no hay que separar los dedos de las teclas, sino tocar teniendo siempre contacto con ambas notas, bajando desde donde se colocan los dedos en una posición natural de la mano.

Este tratado recomienda la Zarabanda de la Suite Francesa en Mi Mayor de Bach para la práctica de los trinos, ya que funcionó con sus alumnos.

Naturalidad del movimiento

Para conseguir una verdadera naturalidad en el movimiento, los dedos deben estar todo el tiempo de ejecución sobre las teclas: no se debe perder el contacto para ganar seguridad y garantizar una buena calidad de sonido.

Todo movimiento innecesario debe ser descartado, ya que, tras la bajada de una tecla, el sonido no es modificable. Estos movimientos no influyen, consecuentemente, al sonido de esta nota, pero sí puede influir en la inestabilidad de las siguientes notas.

Por supuesto, como último dato, se debe tener en cuenta que la ejecución de una obra tiene que estar interpretada correctamente teniendo en cuenta la época y el compositor de la obra. Por muy limpia que esté o por muy buena que sea la calidad del sonido, no se gana nada interpretando algo anacrónicamente.

6. Conclusión

Los datos más destacables que nos marca este pedagogo se resumen en los siguientes cinco puntos:

  • Hay que prestar una especial atención al entrenamiento del oído. Todo el método se basa en él, ya que la corrección a uno mismo es muy importante. Se debe perfeccionar la técnica en base a esto.
  • La posición de los dedos y del brazo deben ser naturales y la relajación de los músculos es fundamental. Para ello, debemos realizar los mínimos movimientos posibles.
  • El pase de dedos debe ser realizado con una leve rotación del antebrazo.
  • El estudio en el piano debe ser realizado con gran atención, lentamente, por fragmentos cortos y en lapsos cortos de tiempo: aproximadamente de media hora. También debe ser realizado un estudio sistemático y lógico fuera del piano para lograr una verdadera memorización de la composición.
  • Se requiere una observación estricta de la partitura para una correcta interpretación.

Karl Leimer (22 de junio de 1858 – 19 de julio de 1944) fue un músico, pedagogo y pianista alemán. Además fue el fundador del conservatorio de Hannover. Fue maestro de muchos músicos conocidos, entre ellos, el pianista Walter Gieseking.

Su libro La moderna ejecución pianística nos expresa su modo de enseñar a sus alumnos. Está dedicado, principalmente, a profesores, concertistas o aspirantes a ello en un nivel más bien avanzado. En él se explican sus bases, centradas principalmente en el entrenamiento del oído.

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